10 lecciones de ‘Bluey’ para padres imperfectos

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dmitámoslo. La primera vez que pusiste Bluey en la televisión lo hiciste con un único y egoísta objetivo: conseguir quince minutos de paz mental para poder tomarte el café caliente o, al menos, recoger los juguetes del salón sin tropezar con un bloque de madera. Al fin y al cabo, solo era otra serie infantil de perritos de colores correteando por la pantalla.

Tres episodios más tarde, ahí estabas: con la taza de café fría en la mano, los ojos fijos en la pantalla y un nudo en la garganta mientras una perrita animada de seis años aprendía a caminar en una escena que parecía dirigida por Christopher Nolan.

Y es que esta joya de la televisión australiana ha logrado lo que parecía imposible: camuflar un tratado de psicología familiar, gestión emocional y filosofía de vida bajo la apariencia de una tierna historia infantil. Sí, los niños se parten de risa con las ocurrencias de Bluey y Bingo, pero los verdaderos alumnos de esta escuela canina somos los padres. Y es que a través del juego, el caos y los errores cotidianos de Bandit y Chilli, Bluey no solo entretiene a nuestros hijos; si no que desmonta los prejuicios, nos alivia la culpa y, sobre todo, nos enseña a ser mejores padres.

De entre las decenas de ejemplos que podríamos encontrar, rescato 10 episodios donde estas lecciones de vida de Bluey están dirigidas (casi en su totalidad) a madres y padres más que a los propios niños.

1. Carrera de bebés

Chilli (la mamá de Bluey y Bingo) recuerda la época en la que Bluey era un bebé. Al ver que otros bebés como Judo aprenden a gatear y sentarse antes, Chilli entra en una espiral de frustración y culpa, obsesionándose con lograr que Bluey camine. Una madre más experimentada (la mamá de Coco) mira a Chilli a los ojos y le dice las palabras que todo padre y madre primerizo necesita escuchar: «Lo estás haciendo muy bien».

2. Hora de dormir

Narrado como una odisea espacial en el sueño de Bingo, vemos la dura noche de los padres de Bluey y Bingo lidiando con patadas en la cama, caídas y paseos nocturnos. Una metáfora poderosa de cómo el amor incondicional, el agotamiento físico de la crianza y el proceso de darles independencia sostiene el universo de un niño, proporcionándoles el calor y cariño necesarios.

3. Caja plana

Mientras Bandit y Chilli arman un mueble de terraza típico de IKEA, Bluey y Bingo juegan con los cartones y las piezas sobrantes. En su juego, simulan la evolución de las especies, pero también una relación de madre (Bluey) e hija (Bingo). Al final, Bingo evoluciona (crece), construye su propio camino y se va en una nave espacial. Bluey, simulando ser ahora una anciana, mira al cielo, acepta que su hija ha crecido y se une a sus padres en la terraza terminada, diciendo: «Esto es el cielo». Una alegoría desgarradora sobre envejecer y ver volar a los hijos.

Dejo un análisis mucho más amplio que hacen en este vídeo:

4. Abuelo

Chilli visita a su padre, un viejo perro que acaba de sufrir un problema de salud pero que se niega a descansar. Tras perseguirlo por el bosque mientras él juega con las niñas, Chilli le confiesa que necesita que se cuide porque «todavía lo necesita». En la escena final del episodio, Chilli y su padre se sientan en el muelle. Ella recuerda cuando era pequeña, la cámara retrocede y, por un segundo, vemos a Chilli como una cachorrita al lado de su joven papá.

5. Peleles

Brandy, la hermana de Chilli, visita a la familia después de cuatro años de distanciamiento, y trae de regalo unos peleles para las niñas. El ambiente es extrañamente tenso hasta que Bluey pregunta por qué su tía no los visita más seguido. Chilli le explica a Bluey de forma metafórica que su tía Brandy quería mucho algo que no pudo tener (un hijo), y que «no era culpa de nadie, simplemente no podía ser». Es una representación de la infertilidad tratada con delicadeza y respeto hacia el espectador.

6. Comida para llevar

Bandit tiene que esperar solo cinco minutos en un restaurante chino con sus hijas. En esos cinco minutos, todo lo que puede salir mal, sale mal: Bingo necesita ir al baño, Bluey tira la comida, juegan con agua… el caos es absoluto. Justo cuando Bandit está a punto de perder los estribos, lee el mensaje de una galleta de la fortuna: «La juventud es como una flor que florece rápido». En ese instante decide unirse al juego y mojarse con ellas bajo el agua, abrazando así el caos y recordando que la infancia con sus hijas dura un suspiro.

7. Lluvia

Es un episodio casi sin diálogos. Afuera llueve a cántaros y Bluey está decidida a construir una presa para detener el agua en la entrada de la casa. Chilli intenta desesperadamente mantener la casa limpia y evitar que Bluey meta lodo. Pero al ver el esfuerzo incansable e inocente de su hija, decide rendirse a la limpieza, salir bajo la lluvia y ayudarla a terminar su presa. Un hermoso poema visual sobre priorizar la complicidad con tus hijos por encima del orden doméstico.

8. Imitadores

Bluey pasa el día imitando todo lo que hace su papá. En medio de su juego, encuentran a un pajarito herido en el suelo y lo llevan al veterinario, pero finalmente muere. En lugar de maquillar la realidad, Bandit es honesto y le explica que el pajarito ha muerto. Al volver a casa, Bluey procesa su tristeza recreando toda la escena a través del juego con su hermana. Una lección magistral sobre cómo los niños usan la imitación y el juego simbólico para sanar.

9. Ajedrez

Bandit intenta enseñarle a Bluey y a Bingo a jugar al ajedrez porque quiere que aprendan a pensar mejor, y que les vaya bien en la vida. Sin embargo, las niñas solo quieren jugar con las piezas como si fueran muñecos. Al final, Chilli interviene y le recuerda a Bandit que, antes de preocuparse por desarrollar sus cerebros para el éxito competitivo del futuro, su prioridad debe ser desarrollar sus corazones y hacerlas sentir seguras.

10. Lagartija pegajosa

Chilli intenta sacar a las niñas de la casa para ir a jugar al parque con una amiga. Sin embargo, encontrar los juguetes, ir al baño a último minuto y una lagartija de juguete pegada en el techo retrasan la salida constantemente. Al final, Chilli explota de frustración, pero logra calmarse y les explica a las niñas que su desesperación por llegar a tiempo es porque mantener contacto con sus amigas adultas es vital para ella. Todo un retrato hiperrealista del agobio diario de la crianza.

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